CRISTOBAL POYATO
F O T O G R A F I A

 

LA CUEVA DE LOS MURCIELAGOS

Se encuentra a una altitud sobre el nivel del mar de 980m., y concretamente estamos en la cara Norte del Macizo de Cabra, perteneciente a las Sierras Subbéticas, (Cordillera Bética) que se formaron hace unos 55 millones de años al igual que Los Alpes y Los Pirineos.
El origen Geológico de la cueva se debe a fenómenos naturales y a reacciones químicas de las rocas CALIZAS con el agua así como a la erosión mecánica del viento y el agua, que van desgastando y ampliando las fisuras y grietas.
Después de uno o varios CATACLISMOS NATURALES, las piedras calizas quedaron fracturadas. Por estas fracturas, el agua al pasar, forma Bicarbonato Cálcico que se disuelve muy fácilmente dando lugar a oquedades y galerías que se ensanchan por las corrientes de agua y aire que circula por ellas. (Erosión mecánica).
Pero la Cueva de los Murciélagos aún sigue viva, se siguen formando las estalactitas y estalagmitas, al igual que hace muchos millones de años, lo que desembocó en el estado de la Cueva que ahora podemos apreciar.
La Cueva de los Murciélagos, presenta un recorrido de unos 800 m. entre la CUEVA GRANDE y la CUEVA CHICA (las dos entradas). El desnivel entre la primera y la SALA DE LAS FORMACIONES es de 70 m. Las temperaturas medias en la entrada oscilan entre los 22 y 24º C. y en el interior van desde los 15 a los 17º C., que permanecen constantes a lo largo de todo el año. El grado de humedad ambiental es alto, aproximadamente del 80 %, variando éste según el clima exterior.
Otra característica de esta Cueva, debido a la presión atmosférica que varia con respecto a la exterior, es la formación de corrientes de aire, debido también a sus dos entradas, lo que provoca que el aire mas frío salga por la boca que se encuentra mas baja (cueva chica).
El recorrido que comienza por la cueva grande, nos muestra en primer lugar el Vestíbulo, con grabados paleolíticos, se sigue por el Paso del Jubilado o Pasillo, donde se han realizado las excavaciones, desde los años 90. Se accede después al Corredor de las Pinturas, donde debemos destacar representaciones esquemáticas de cabras y del Ídolo-oculado. De aquí se desciende a la Sala de las Formaciones (lugar más bonito de la Cueva) en el que resaltan las estalactitas, estalagmitas, coladas, columnas y gours (charcos) y un esqueleto humano enterrado allí hace unos 4.200 años a.C.
Comienza el ascenso con formaciones muy bellas en forma de "racimos de uvas" y posteriormente se accede a la Sala del fémur, llamada así por la presencia de un fémur ya cementado. A continuación, el Caracol, da paso a la Rampa, que comunica con el Paso del Jubilado o Pasillo desde donde se accede a la Sala de la Celosía o de la Campana. Otra zona amplia y de gran belleza, conduce a la Sala de los Estratos o de los Murciélagos (sector excavado en 1962 y 1969). Ya falta poco para la salida, lo demuestra la bajada de la temperatura y la corriente de aire frío, solo queda la Cueva Chica. (de menor tamaño que la boca de entrada), desde la que se sale al exterior.

CULTURAS PREHISTÓRICAS PRESENTES EN LA CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS DE ZUHEROS


Los restos más antiguos encontrados se remontan al Paleolítico Medio, etapa de la prehistoria que tuvo lugar hace unos 100.000 años y finaliza hace unos 35.000 años, comprende, pues, un periodo muy dilatado de tiempo.
Durante esta época el hombre tiene una economía predadora, es decir, su alimentación se basa en la caza de animales salvajes y en la recogida de frutos silvestres. Es muy poco el material de esta época que ha proporcionado la Cueva de los Murciélagos, pero es suficiente como para demostrar el paso de grupos humanos pertenecientes al Paleolítico medio.


PERIODO NEOLÍTICO


Varios miles de años después, hace unos 6.000 años ante de C., la cueva fue habitada durante el Neolítico por un grupo humano. El Neolítico es la etapa de la Prehistoria en la que el hombre pasa de cazador, recolector a convertirse en productor de alimentos, cultivando cereales y criando animales domésticos, aunque no por ello abandona totalmente la caza y la recolección.
Este grupo humano que se estableció en la cueva hace unos 6.000 años, vivía cerca de la entrada, donde les llegaba la luz del sol. Encendía fogatas para calentarse y poder preparar los alimentos. Ellos mismos elaboraban los instrumentos con los que realizaban sus actividades cotidianas: fabricaban cuchillos de sílex (pedernal) para cortar, raspadores, buriles para trabajar el hueso, etc. Pulían determinadas piedras para obtener hachas y azuelas con las que trabajar le madera y otras materias, etc.
Modelaban el barro para fabricar vasijas que decoraban a base de incisiones, impresiones, aplicando cordones de la misma arcilla, siendo la más destacada de todas la cerámica de almagra. Esta cerámica se denomina así por la capa de pigmento de color rojo, el almagre o la hematites (óxido de hierro), que cubre a la vasija por la superficie exterior y, a veces, por la interior
Pero no sólo elaboran útiles y vasijas para trabajar y almacenar, sino que fabricaban también numerosos objetos con los que se adornaban, como cuentas de collar y colgantes que obtenían perforando caracoles marinos, colmillos de jabalíes y de otros animales. También hacían brazaletes o tobilleras en piedras tales romo el mármol, la calcita, la pizarra y sobre conchas marinas.
Para fabricar uno de estos brazaletes se tomaba un trozo de mármol o del material que fuese, y se comenzaba a trabajarlo hasta obtener una especie de "disco" de unos 6-7 cm. de anchura. Posteriormente, este "disco" se perforaba con la ayuda de una piedra que se frotaba con un abrasivo (arena mojada, por ejemplo)- El resultado, tras mucha paciencia, era el deseado brazalete o tobillera de unos 6-8 cm. de diámetro y de un grosor variable, entre 1 cm. y 6 cm.
De los animales lo aprovechaba, todo. La carne les servia de alimento, la piel de vestido, los tendones los emplearían como cuerdas con los huesos fabricaban utensilios:, punzones, espátulas, cincelas, tubos, etc., y objetos de adorno: colgantes, cuentas de collar, aprovechando también las astas o cuernas.
Su economía se basaba en el cultivo de cereales y la cría de animales domésticos. Cultivaban dos tipos de trigo y uno de cebada. Una vez que el cereal se había recogido, parte se guardaba como semilla para el año siguiente y el resto lo tostaban y lo almacenaban para ir consumiéndolo a lo largo de todo el año. Suponemos que no ingerían los granos, sino que los trituraban en molinos de piedra, que también les servían para machacar el almagre con el que hacían la cerámica a la almagre.
La otra base de su economía la constituía la cría de cabras, ovejas, cerdos y vacas, que pastaban en las sierras cercanas a la cueva. Además de contar con cultivo y con animales domésticos, seguían cazando especies salvajes (ciervos, osos, jabalíes, zorros, conejos, gamos, etc.) y recolectando frutos y bayas silvestres (bellotas, aceitunas de acebuche, etc.).
Por la presencia de los caracoles y las conchas marinas que usaban como colgantes, sabemos que el grupo que habitó en la cueva durante el Neolítico tenía contactos con otros establecidos en la costa o cerca de ella. En estos contactos se intercambiarían estos productos por otros de los que careciesen los grupos que vivían en otras zonas y regiones.


CALCOLÍTICO Y EDAD DE LOS METALES


Tras el Neolítico, la cueva es frecuentada por grupos pertenecientes al Calcolítico, etapa en la que comienzan a fabricarse algunos útiles de metal y durante la cual el hombre se establece poblados, abandonando las cuevas como lugar de hábitat.
La abundancia de materiales de este período parece indicar que la cueva de los Murciélagos se frecuentó en varias ocasiones usándola, posiblemente, como lugar de enterramiento, como parecen indicar los restos encontrados: "ídolos-falanges" (falanges de animales modificadas que suelen presentar indicación de los ojos y otros atributos), brazaletes de arquero, vasijas y abundantes cuchillos de sílex de gran tamaño. Es muy frecuente que todos estos restos formen parte del ajuar funerario de los difuntos en este periodo, el Calcolítico.
Más seguro parece ya este uso de la cueva durante la Edad del Bronce -posiblemente el Bronce Antiguo-, etapa de la que también se han encontrado algunos restos en el interior de esta cueva,
Tras la Edad del Bronce, la cueva se abandona totalmente y no volverá a ocuparse hasta los siglos segundo a quinto después de C.

CULTURAS HISTÓRICAS


Tras la última ocupación prehistórica durante la Edad del Bronce, y con un aparente abandono durante la Edad del Hierro y Cultura Ibérica, los primeros testimonios que encontramos en la cueva nos sitúan en un momento avanzado de la España romana de época imperial.
Si bien el material más abundante está constituido por la cerámica, se han localizado instrumentos de ocio y juego, como dos dados de hueso; de adorno femenino, como agujas de hueso para el pelo y espejos de bronce bruñido; hebillas de hierro y de bronce decorados en algún caso con cabezas de animales, cuentas de collar de pasta vítrea, pulseras, anillos, fíbulas (imperdibles para las túnicas) y botones de bronce, además de 18 monedas de cobre de época bajoimperial, de los emperadores Graciano (367-383 después de C.), Honorio (393-423 d. C.), Arcadio (383-408 d. C.) y Valentiniano II (375-392 d. C.).
Además, herramientas como clavos, anillas y engarces de hierro y una punta de flecha de este mismo material.
Otros recipientes que nos hablan de la vida diaria, son los fragmentos que se han recuperado de vidrio y de "calderos" de cobre con sus asas y soportes de bronce.
En cuanto a la cerámica, la más abundante es la "común", es decir, los jarros y ollitas de uso normal para la cocina y los líquidos, sin barnices, pinturas ni decoraciones por lo general, fabricadas ya a torno, y los grandes "dolía", semejantes a nuestras actuales tinajas, que servían para almacenamiento de alimentos como hoy en día.
Otras cerámicas más finas son las denominadas "sigillata", por llevar un sello o marca de alfarero (en latín sigilum), cubiertas de un barniz rojizo-anaranjado, y frecuentemente decoradas en relieve, típicos de esta época romana. De este tipo, se han localizado fragmentos de recipientes fabricados en Hispania (España), y otras procedentes del Norte de África.
De cerámica se fabricaban también las lucernas o lámparas de aceite, que utilizaban para alumbrarse en el interior de la cueva. Se han recuperado numerosos fragmentos de ellas, con sus asas y sus dos orificios: uno para la mecha y otro para recargarlas de aceite.
Finalmente, aparecen también trozos de tegulae (tejas) y de ladrillos, que sirvieron para nivelar alguna zona determinada, o para servir de cuña los grandes "dolía" o tinajas.

EL ENTERRAMIENTO DE LA CUEVA DE LOS MURCIELAGOS

En el fondo de esta sala existe un enterramiento que fue descubierto durante la primera exploración que se realizó en 1938 por parte de un grupo de Oficiales del Ejército, que se encontraba en Baena. D. Francisco Segovia García, Oficial al mando del escuadrón, relata de este modo el descubrimiento de una necrópolis:
"el principal dato,.., fue, el descubrimiento a orillas del lago de una necrópolis. Casi todas las tumbas estaban tapadas por los escombros ... Sólo había una tumba libre de este accidente, que exhibía con toda exactitud un parterre cuadrangular, y en él, un esqueleto humano en perfecto estado de fosilización, rodeado de un copioso ajuar funerario, empotrado en le costra estalagmítica...”
El echo de encontrarse este esqueleto en un lugar tan profundo de la cueva y de presentar el cráneo una fractura en el frontal izquierdo, dio pie a varias teorías erróneas.
Desde un primer momento, se interpretó la presencia del cadáver en este lugar como consecuencia de una lucha, en la que este individuo fue herido en el cráneo y encontró la muerte en este gour (pileta).
Posteriormente, este esqueleto fue interpretado como el resultado de un accidente, de una caída, asegurándose que se trataba de un individuo que fue a la pileta para recoger agua (como parecía demostrar la presencia de varias vasijas al lado del cadáver), pero al resbalar, cayó en su interior y murió.
Estas interpretaciones carecen de sentido, pero ha arraigado profundamente en le creencia popular, y hasta hace poco se ha estado afirmando una u otra de estas teorías.
Lo cierto es que se trata de un auténtico enterramiento, como lo demuestran tanto le situación del cadáver, el ajuar que lo acompañaba y la posición en que aparece.
El esqueleto aparece, de cintura hacia el cuello boca arriba, mientras que las piernas están flexionadas hacia la derecha. Esta posición indica que no se trata de una muerte por accidente o lucha. Todo lo contrario, el cadáver fue depositado en la pileta intencionadamente; es más, es posible que para mantener esta posición un tanto forzada de las piernas, fuertemente flexionadas hacia la derecha, empleasen algún tipo de cuerda, o bien ligamentos de animales, que mantuviesen las piernas de este modo, hasta llegar al “rigor mortis”
La presencia de vasijas de cerámica, un punzón de hueso y un brazalete de mármol, nos indica que se trata del enterramiento de un individuo al que acompañaba su ajuar funerario, formado por esos objetos.
En cuanto a su situación, nada tiene de extraño, no siendo el único enterramiento encontrado en lugares similares en otras cuevas no muy lejanas, como la de Los Mármoles o la de Cholones, en Priego de Córdoba.
Como vemos, se trata de un enterramiento que puede ser adjudicado, gracias al ajuar que lo acompañaba, a alguna fase dentro del periodo Neolítico.
Desgraciadamente, los otros enterramientos a los que hace alusión D. Francisco Segovia García, han sido destrozados, desconociéndose su situación y cómo estaban depositados los diferentes cadáveres.
En esta sala pueden observarse, además, numerosos grabados muy profundos que la creencia popular achaca a las zarpas de un oso. Se piensa que uno de estos animales llegó hasta esta zona de la Cueva y produjo esas señales con sus zarpas intentando salir. Esto no es verdad y los grabados, que forman como una especie de "meandros", fueron hechos intencionadamente por los habitantes de la cueva, al igual que realizaron las pinturas de las cabras y de otros motivos y signos que aparecen en las paredes.